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Recursos hídricas

Hugo Rohrmann: "Hemos construido la capital en el valle de inundación de un río que no conocemos"

El autor del libro
El autor del libro "Crónicas Hídricas: 1998. El último año que estuvimos en peligro" repasó la historia de las inundaciones en el Gran Resistencia y advirtió acerca de las consecuencias de la falta de planificación a largo plazo.

El ingeniero en Recursos Hídricos, Hugo Rohrmann, advirtió este lunes acerca de las posibles consecuencias de la falta de planificación estructural en el actual contexto de creciente del río Paraná.

El autor de "Crónicas Hídricas: 1998. El último año que estuvimos en peligro" explicó que su libro “trata de mostrar de algún modo lo poco que conocemos del río más grande que tenemos en la Argentina”, dijo en declaraciones a Radio Provincia.

Rohrmann recordó que las mediciones existentes, tanto en Barranqueras como en Corrientes tienen 120 años, “mientras que el río en esta posición tiene mínimo 10.000 años, con lo cual conocemos la historia del 1% de este río”. Y advirtió: “Hemos construido la capital en el valle de inundación de un río que no conocemos”.

Subrayando la necesidad de tener “una mirada de planificación hacia los próximos 50 o 100 años”, el ingeniero explicó además que los pueblos originarios “no se asentaban en esta zona, se iban más lejos porque sabían que era zona de inundación. Esto era posible porque tenían una transmisión de la memoria oral y le hacían caso a las personas de mayor edad. Esto de algún modo lo hemos perdido”.

El también expresidente de la Administración Provincial del Agua (APA) abordó la situación de las familias ribereñas que se asientan a la vera del río y señaló que "hoy hay cerca de 400.000 personas bajo riesgo potencial que si llegase una crecida más alta que las que vimos en los últimos 100 años podría ser un desastre".

Como ejemplos mencionó a los casos de la inundación de Santa Fe, en 2003, producida por un crecimiento sin precedentes del río Salado sumado a intensas precipitaciones. Si bien se informaron 23 víctimas fatales por muertes directamente vinculadas a la inundación, organizaciones no gubernamentales y familiares elevan la cifra a 160, ya que contabilizan a quienes fallecieron como consecuencias físicas y psicológicas producidas por la tragedia.

Otro caso similar se produjo 10 años después, en La Plata, tras la inundación del arroyo El Gato que dejó como saldo 89 muertos y miles de familias afectadas que vivían al lado o en la cuenca del curso de agua.

En ese contexto, Rohrmann recordó además que, al tener tan poco registro y conocimientos acerca del comportamiento del río "puede haber cambios que ni sospechábamos ni sabíamos".

Por otra parte, y como posible solución a las crisis hídricas de los últimos años, el ingeniero señaló que la mejor posibilidad “es alejarse y construir en zonas no inundables. Tenemos que mirar más allá porque una vez que suceden las crisis ya es tarde”.

El complejo vínculo río - ciudad

En su libro, Rohrmann recuerda que Resistencia fue fundada en 1878 en plena crecida del río Paraná. En 1905 aparece otra creciente, y como eran pocas viviendas, “no dejó secuelas importantes”.

Pasaron 60 años hasta que se hizo presente una nueva inundación en 1966, “que hace ver con claridad que el Gran Resistencia estaba dentro del valle de inundación de los ríos Paraná y Negro, vía fluvial usada para su fundación”.

En ese momento se inundaron Barranqueras, Puerto Vilelas y una tercera parte de Resistencia, llegando el agua a dos cuadras de la plaza central. “De golpe las autoridades y la población cayeron en la cuenta que estaban bajo claro riesgo de inundación, y se comenzó por resistir con las construcciones de obras: terraplenes, bombas, compuertas. La relación conflictiva agua-ciudad recién comenzaba”.

La rotura del dique Barranqueras en 1982 y la gran inundación de 1983, para el autor “despejaron todas las dudas: Estábamos en peligro”. Mientras que 1998 fue la última crecida importante del río Paraná antes de construir las obras de defensas permanentes que resisten el avance de las aguas.

“Este libro trata de ser un llamado de atención y demostrar que el peligro sigue estando. Lo mismo se puede aplicar a la región hídrica de los Bajos Submeridionales, donde la intransigencia de los hombres basado en límites, inexistentes para el agua, llevaron a la Guerra del agua entre Chaco y Santa Fe, en ese mismo año 1998”.

Se construyeron obras, se intervino la naturaleza, se crearon comités y organismos, se realizan reuniones entre las provincias de Chaco, Santa Fe y Santiago del Estero tratando de desarrollar y sustentar la actividad de la región, pero que fueron puestas en peligro en la gran inundación de 2019 y en la prolongada sequía de 2004/2013.

“De vuelta, no está claro si se comprende el funcionamiento del clima, con los ciclos de inundaciones y sequías, en el medio de la llanura chaqueña. El libro trata de ser un mensaje de cómo llegamos hasta esta situación, reflexionar y ver cómo encarar el futuro del territorio, pensando en los intereses de la sociedad en su conjunto. Y con algo de humor, para hacerlo más ameno y llevadero, y con el debido reconocimiento y homenaje a las personas, profesionales y técnicos, que trabajan en silencio, tratando de señalar un camino a seguir”, expresa la obra.

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