Por Chaco Ahora
En un escenario que se repite cada mes con alarmante puntualidad, el gremio de los choferes del transporte público volvió a quedar en el centro de la disputa por el pago de salarios. Pero esta vez, lejos de un paro, la solución llegó con una concesión: los trabajadores aceptaron cobrar en cuotas. Sin paros, sin cortes, sin sobresaltos... pero también sin victorias sindicales.
La Unión Tranviarios Automotor (UTA) había rechazado en primera instancia la propuesta empresarial de abonar los haberes en dos tramos. Sin embargo, la necesidad terminó imponiéndose a la presión. El martes 4 de junio cobraron el 50 % de sus sueldos, y el resto será depositado el próximo martes 11. Mientras tanto, los colectivos siguen circulando normalmente en el Gran Resistencia.
Una tregua que no soluciona nada
La decisión de no ir al paro trae alivio a los usuarios que dependen del colectivo como único medio de transporte, pero también deja al descubierto un hecho preocupante: los gremios que históricamente marcaron el pulso del conflicto laboral hoy se ven forzados a retroceder, a negociar hacia abajo y a ceder condiciones elementales como el cobro íntegro y en término de los sueldos.
Desde hace meses, el sistema de transporte público atraviesa una crisis sostenida. Las empresas aseguran que el dinero no alcanza, que los subsidios están desactualizados y que las tarifas no cubren los costos. El Gobierno, por su parte, afirma que cumple con los pagos comprometidos. Pero lo cierto es que todos los actores repiten una misma frase: “La culpa no es nuestra”.
Gremios en retirada
La UTA, que hasta no hace mucho paralizaba el servicio ante el más mínimo incumplimiento, ha comenzado a actuar con más pragmatismo. Algunos lo leen como madurez sindical; otros, como rendición ante una situación insostenible. “Preferimos asegurar la continuidad del servicio y del empleo antes que ir al paro”, admiten dirigentes gremiales en voz baja.
Este fenómeno no es exclusivo del transporte. En Chaco y en gran parte del país, varios gremios han aceptado escalas de pago, bonos no remunerativos, aumentos por debajo de la inflación o directamente la postergación de paritarias. La crisis económica, el enfriamiento del consumo y la retracción del Estado como garante del financiamiento, han dejado a muchos sindicatos sin poder real de presión.
Subsidios nacionales: la quita de Milei y el misterio del destino de los fondos
Desde que el Gobierno de Javier Milei asumió, avanzó con una drástica reducción de subsidios al transporte del interior, eliminando el Fondo Compensador que destinaba entre el 25 % y el 30 % de los subsidios del sistema nacional.
. Milei eliminó el Fondo Compensador del Interior, que financiaba parte del boleto para provincias como Chaco. Un informe de la consultora Politikon revela que, entre enero y octubre de 2024, el Chaco perdió aproximadamente 150 000 millones de pesos por la drástica reducción de las transferencias no automáticas desde Nación.
. En provincias como Santa Fe, dejaron de llegar 4.000 millones de pesos solo en enero.
. Esta reducción le representó al Estado una “economía” importante, pero aún no está claro hacia dónde fueron esos fondos ni en qué se los destinó. El Gobierno no transparentó si se volcaron a infraestructura, salud o el cobro de deuda, generando críticas por la falta de rendición de cuentas y por el riesgo de que este ahorro fiscal se convierta en un traslado de costos a usuarios, provincias y municipios.
Un sistema en caída libre
El transporte público chaqueño es hoy una bomba de tiempo. La caída de la cantidad de pasajeros, sumada a un esquema de subsidios desequilibrado (más generoso con el AMBA que con el interior), deja a las empresas en números rojos. El precio del boleto —que aumentó de $710 a $1.150— no alcanza para equilibrar la ecuación. Y si se sube más, menos gente viajará. Un círculo vicioso sin salida visible.
Los empresarios advierten que la situación ya no se sostiene y que los acuerdos salariales firmados a nivel nacional no pueden aplicarse en Chaco sin una compensación proporcional. El Gobierno, mientras tanto, evita hablar de nuevos aumentos o subsidios. La discusión estructural, necesaria pero políticamente incómoda, sigue sin darse.
Conclusión: todos ceden, nadie gana
La noticia de que no habrá paro puede parecer buena. Pero detrás de esa calma superficial se esconde un sistema frágil, gremios debilitados y un conflicto latente. La UTA aceptó resignar condiciones básicas con tal de evitar una crisis mayor. Las empresas pagan como pueden. El Estado administra escasez. Y los usuarios... cruzan los dedos para que el colectivo no deje de pasar.