Por Redacción Chaco Ahora
En el extremo sur de Resistencia, al final de la avenida Las Heras, el barrio Mil Viviendas vuelve a exponer una paradoja que ya se convirtió en síntoma de una crisis más profunda: casas con termotanques solares, sistemas de energía renovable y diseño urbano moderno, pero sin el servicio más básico de todos: agua potable.
"No hay agua en la red. En los dos tanques no hay agua, y la canilla que tiene que dar agua para que yo cargue con la bomba tampoco tiene agua", contó a Chaco Ahora una profesional de Resistencia que vive en una de esas viviendas junto a su pareja. No tienen agua para coinar, bañarse, lavar la ropa. Esta joven pareja, al igual que los vecinos reclaman atención y una solucion de parte del Gobierno de Leandro Zdero.
El Mil Viviendas —parte del proyecto urbanístico Nuevo Sur, desarrollado sobre 41 chacras del ex Campo de Tiro— no sufre tanto por estar lejos del casco céntrico (a pesar de que allí no llega el transporte público de pasajeros) ni por una rotura puntual del sistema, como la registrada este martes en el Acueducto Norte. El problema es estructural y persistente. Hace tiempo que en este sector del Gran Resistencia el agua no llega ni de día, ni a la siesta, ni por la noche. Cuando llega (hace meses que esto no pasa), lo hace sin presión o con un color y olor que la vuelven inutilizable para el consumo.
La situación se repite también en barrios vecinos y en otras localidades del área metropolitana como Barranqueras y Fontana. Pero el caso del Mil Viviendas resulta especialmente llamativo: es, quizá, el único barrio de la ciudad donde todas las unidades fueron entregadas con sistemas de energía renovable, termotanques eléctricos, tanques de reserva tricapa de 500 litros y tanques de bombeo del mismo volumen. Infraestructura de avanzada que queda reducida a una postal si no hay agua que circule por los caños.
Viviendas, pero sin servicios: maquillaje urbano
Este martes, el presidente del Ipduv, Fernando Berecoechea, destacó que “en los primeros dos años de gestión se entregaron más de 2 mil viviendas y hay más de 350 en construcción”. Sin embargo, en la agenda política y de gestión, la provisión de servicios básicos esenciales parece quedar relegada. Construir viviendas sin garantizar agua potable no es política habitacional: es maquillaje urbano.
Si bien el proyecto Nuevo Sur fue iniciado durante la gestión anterior, la administración de Leandro Zdero tiene hoy una fuerte injerencia sobre su continuidad, expansión y, sobre todo, sobre la calidad de vida de quienes ya viven allí. Las viviendas construidas en la Chacra Nº137 (Altos de Urunday), en la Chacra Nº190 y en las parcelas entregadas en enero de 2026 bajo el mismo prototipo constructivo, padecen exactamente los mismos problemas. La pregunta es inevitable: ¿para qué tanta innovación si no se resolvió —ni se resuelve— la presión, el tendido y la correcta distribución del agua?
La bronca vecinal se desborda en las redes sociales de Sameep
La bronca vecinal se desborda en las redes sociales de Sameep cada vez que la empresa informa una nueva rotura, un nuevo arreglo o un nuevo comunicado de “normalización progresiva”. Los reclamos se multiplican desde todos los puntos del Gran Resistencia y del interior provincial: zonas norte y sur de Resistencia, Fontana, Barranqueras, Sáenz Peña, Villa Ángela. El denominador común es el mismo: días sin agua, presión inexistente, líquido marrón o con olor cloacal y boletas que llegan puntuales, incluso cuando el servicio no se presta.
“No alcanza con llamar o reclamar; la única solución es dejar de pagar”, dice una vecina. “Que informen directamente los días que habrá agua”, propone otra. “Después no quieren que privaticen”, advierte un usuario, cansado de un Estado que aparece ausente cuando se trata de invertir y garantizar derechos básicos.
Los vecinos ya no reclaman: descargan bronca
Las redes sociales de Sameep se convirtieron, una vez más, en un muro de lamentos, enojo e ironía. Los vecinos ya no reclaman: descargan bronca. Muchos aseguran que llevan semanas o meses sin agua, otros que directamente dejaron de esperar soluciones.
“Hace más de 15 días que no tengo presión, el tanque no carga y tengo que acarrear baldes como en el siglo pasado”, escribió un usuario de Resistencia.
“Cuando sale agua es barro puro, imposible cocinar o darle a los chicos”, señaló una vecina de Fontana.
“Siempre dicen que arreglan, pero cada día hay menos agua. ¿Cuántas roturas más van a inventar?”, ironizó otra usuaria.
En distintos barrios del Gran Resistencia el reclamo se repite con mínimas variaciones: chorritos, agua marrón, olor nauseabundo y presión inexistente, incluso usando bombas. “Ni con motorcito sale una gota”, advirtieron desde la zona norte, donde aseguran que el problema se arrastra desde hace años.
La indignación también apunta al cobro del servicio y a los anuncios de aumentos.
“Bien rápidos son para mandar la boleta, pero para dar agua no aparecen nunca”, cuestionó un vecino.
“Con este servicio pésimo no corresponde ni pagar, mucho menos aumentar”, sostuvo otra usuaria, que aseguró haber realizado reclamos formales sin obtener respuesta.
Desde el interior provincial el panorama no es mejor. En Sáenz Peña, Villa Ángela y otras localidades denuncian agua con olor a cloaca, color amarillento y sedimentos que se asientan “como una capa aceitosa”. “Esto es un riesgo para la salud”, alertó una vecina.
Otros directamente ya no creen en las explicaciones oficiales
“Todos los días arreglan algo, pero agua no tenemos nunca”, escribió un usuario.
“Digan la verdad”, exigió otro.
“No sabemos si es desidia, incapacidad o algo peor”, lanzó un comentario que sintetiza el clima social.
Servicio colapsado, sin inversiones visibles
El hartazgo es transversal: barrios céntricos y periféricos, norte y sur de Resistencia, Fontana, Barranqueras y localidades del interior. Para muchos, la sensación es la misma: un servicio colapsado, sin inversiones visibles, sostenido a fuerza de parches y comunicados, mientras la vida cotidiana se vuelve cada vez más difícil.
Este martes por la tarde, Sameep informó la reparación del Acueducto Norte y el restablecimiento paulatino del servicio en algunos barrios. El problema es que, para miles de familias, el agua nunca se fue porque, sencillamente, nunca estuvo. Y mientras los comunicados se repiten y las excusas se reciclan, en el Mil Viviendas —y en tantos otros barrios— los tanques siguen vacíos.
En una provincia donde el calor aprieta y el verano no da tregua, la falta de agua potable no es una molestia: es una vulneración directa a la dignidad y a la salud. La tecnología puede esperar. El agua, no.
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