La crisis económica en la provincia del Chaco dejó de ser una advertencia para convertirse en una realidad visible en el entramado productivo. En las últimas semanas, una serie de cierres de empresas emblemáticas expuso con claridad el deterioro del sector comercial y el impacto directo en el empleo.
Según relevamientos difundidos y tal como lo publicó Chaco Ahora, más de 3.100 empresas cerraron en los últimos dos años en la provincia, lo que derivó en la pérdida de al menos 8.647 puestos de trabajo. En paralelo, el empleo privado en la región del NEA muestra una caída sostenida, reflejando un escenario de contracción económica.
El dato más reciente y que genera mayor preocupación es el cierre de Estación Confort, una firma con casi cinco décadas de trayectoria. Su caída no solo representa la pérdida de una marca instalada en el mercado local, sino que también se suma a una lista creciente de empresas que no lograron sostenerse ante la caída del consumo, el aumento de costos y las dificultades financieras.
Este caso se convierte en un nuevo símbolo del momento económico que atraviesa la provincia.
El cierre de Estación Confort se suma a otros casos que marcaron el pulso de la crisis:
En este punto, Chaco Ahora ya había anticipado señales de alerta, cuando informó sobre el desembarco de la cadena La Anónima en el shopping de Resistencia, durante la actual gestión provincial. Ese movimiento fue interpretado como parte de un cambio en el mapa comercial que hoy comienza a mostrar sus consecuencias.
Especialistas y actores del sector coinciden en que la caída del consumo es uno de los factores centrales detrás de estos cierres. A esto se suman el incremento sostenido de los costos operativos, la presión impositiva y las dificultades para acceder a financiamiento.
En una provincia con alta dependencia del consumo interno, el impacto es inmediato: menos ventas, menor rentabilidad y, finalmente, cierre de negocios.
En este escenario, crecen las críticas hacia la administración del gobernador Leandro Zdero. Distintos sectores advierten sobre la falta de políticas concretas orientadas a sostener el empleo y asistir al sector privado en un contexto recesivo.
Si bien el deterioro económico responde a variables macroeconómicas nacionales, a nivel local se cuestiona la ausencia de medidas de contención que permitan amortiguar el impacto en las pymes y comercios.
Lejos de tratarse de hechos aislados, los cierres comienzan a configurar una tendencia estructural. La reducción del tejido empresarial no solo afecta al presente, sino que condiciona las posibilidades de recuperación futura.
El dato es claro: cada empresa que cierra implica menos oportunidades laborales y mayor fragilidad social.