"Nos dejó Lucas Audisio, periodista como pocos, pero sobre todo un buen tipo", lo despide en las redes el colega Jorge Gil. Lucas era secretario de Redacción de Primera Línea. También en la Dirección de Prensa de la Municipalidad.
El joven comunicador Lucas Audisio se desempeñaba en el diario Primera Línea y en el sector de prensa de la Municipalidad de Resistencia. Sus restos serán velados este viernes, de 9 a 11, en la Casa De Bonis. Luego, lo trasladarán al cementerio Monte Alto de Resistencia.
Falleció el jueves luego de estar cursando la enfermedad de dengue con mucha fiebre, náuseas, diarrea y cansancio.
Su deceso causó conmoción en la comunidad periodística y en la sociedad en general. El joven ingresó el sábado pasado al sector de terapia intensiva del Sanatorio Chaco, luego de estar cursando la enfermedad de dengue con mucha fiebre, náuseas y diarrea. Previamente, lo habían llevado al Hospital Perrando, donde convulsionó".
Se sentía mareado y se le nublaba la vista; lo derivaron a terapia y de allí nunca salió", indicó su colega Jorge Gil. Si bien fue revisado por varios médicos especialistas, Audisio continuaba sin responder a los estímulos y le diagnosticaron meningoencefalitis por dengue.
Despedida de Jorge Gil
"Nos dejó Lucas Audisio, periodista como
pocos, pero sobre todo un buen tipo.
Desgarrados de dolor, incrédulos y escuchando todavía su voz diciéndonos que se iba a reincorporar el domingo pasado a su labor habitual, hoy tenemos que comunicar que nos dejó Lucas Audisio, nuestro secretario de redacción; paradójicamente en la misma fecha en que hace tres años no dejaba José Antonio “Pocholo”, Barreto.
“El domingo vuelvo Jorge, voy a tomarme unos días para recuperarme porque me siento muy cansado”, me dijo Lucas Audisio, nuestro secretario de redacción, el miércoles pasado al mediodía. Estaba cursando la enfermedad de dengue. El martes a la tarde le habían dado positivo los resultados de los análisis que le habían efectuado. Y como vivía solo, los hermanos decidieron llevarlo a los de su mamá, para que este acompañado.
Lo que vino después fue vertiginoso e incompresible para nosotros. El sábado a la mañana lo internaron porque se sentía mareado y se le nublaba la vista; lo derivaron a terapia y de allí nunca salió. La ciencia todavía no nos explicó si la causante fue el dengue u otra cosa. Pero entiéndase que no nos importaría ninguna explicación.
Cómo lo entenderíamos, si Lucas era un tipo joven, lleno de vida, un tipo sano que jamás se enfermaba. Un tipo al que le gustaba el deporte. Jugaba al básquet y hasta se atrevía a integrar el grupo de fútbol de los compañeros de la redacción (no era el más dotado para este deporte pero lo practicaba con todas su voluntad y con garra). Un tipo que iba al gimnasio y cumplía a rajatablas las rutinas; porque él era así. Tenía que lograr lo que se proponía y lo lograba. No importaba cómo. Porque, como todo en su vida, para él no había grises; era blanco o negro y hacía gala de ese principio siempre.
Cómo lo entenderíamos, si Lucas, (y por sobre todas las otras cosas que hacía bien en la vida), era un buen tipo en todas sus facetas: un padre como pocos para Lucre y Seba, un excelente hijo y hermano, un amigo incondicional. Cómo entenderlo si Lucas siempre estaba dispuesto a brindar lo mejor para los demás.
Y Lucas además era un buen periodista. Un periodista como pocos. Rígido en sus principios, pero abierto a la hora de preguntar y de plasmar en el papel (en la computadora), lo que recogía de sus entrevistados, más allá de su ideología. Lejos de la idea del periodismo militante y haciendo gala de ese principio que indica que el periodismo debe ser el fiel reflejo de los hechos, de la verdad; y que hay que diferenciar acabadamente una noticia de una opinión.
A la hora que sea, con lluvia, tormenta o viento; en su moto o en auto, Lucas se ofrecía para ir a prender las máquinas cuando a algunos de los periodistas se les colgaba el ordenador; para ir a sacar la foto que necesitábamos, para ir a cubrir notas periodísticas. Jamás tenía un no como respuesta.
Recuerdo cuando llegó el primer día a la redacción de la calle 25 de Mayo. Lo había traído Pablito Mujica para que lo probáramos. Tímidamente se sentó a hacer su trabajo, mientras “la pesada” de la redacción se encargaba de estudiarlo, para ver qué costado de inseguridad exponía para gastarlo. Le tocó hacer la sección de “Policiales”. Y a todos nos dejó asombrados con sus crónicas cortas, concisas pero “pesadas”. Y es que era de esos periodistas que narraba las notas policiales como realmente habían ocurrido. Y siempre caminaba por la cornisa en ese sentido.
No tardó en acomodarse en este tablero de ajedrez. Y el tipo, jugando su juego, nos fue conquistando a todos y pasó a ser uno más del grupo.
También era muy querido en su otra labor, como periodista de prensa del Municipio de Resistencia. Allí también debió adaptarse, como ocurrió en nuestra redacción, a otras miradas. Y también sorteó con éxito ese trámite ganándose el respeto de todos; los que comulgaban con su pensamiento y los que no.
Vivimos con él, el nacimiento de sus dos retoños a los que amaba sin medida. Era quizás el padre más aplicados con sus hijos de toda la redacción. En las últimas vacaciones se los llevó a los dos, él sólo; y nos contó que pasó unos días espectaculares. “Los disfruté como pocas veces a los chicos”, me dijo cuando volvió, con los ojos iluminados, como cada vez que hablaba de ellos.
Lucas se nos fue físicamente. Y no lo entendemos. No lo vamos a entender jamás. Pero sí, sabemos, todos los que formamos parte de esta pequeña familia que constituimos en Primera Línea, que estará con nosotros por siempre".