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Entrevista

Martín Kohan trae a la Feria del Libro sus dos grandes pasiones: el fútbol y la literatura

Este sábado el escritor Martín Kohan estará presente en la Feria Iberoamericana del Libro del Chaco “Leer en democracia”, que se lleva adelante hasta el 10 de septiembre en el predio del Domo del Centenario.
Este sábado el escritor Martín Kohan estará presente en la Feria Iberoamericana del Libro del Chaco “Leer en democracia”, que se lleva adelante hasta el 10 de septiembre en el predio del Domo del Centenario.

Organizada por la Fundación del Libro y la Cultura y el Gobierno de la Provincia del Chaco a través del Instituto de Cultura y de los ministerios de Educación y de Planificación, Economía e Infraestructura, esta edición de la feria celebra más de quince años de trayectoria. Está abierta al público hasta el 10 de septiembre y se pueden adquirir libros al 50 por ciento de su valor.

El escritor Martín Kohan llega para presentar su más reciente libro Desde la boca. Cuando lo extraordinario se vuelven normal, coescrito junto con Ricardo Cohen. En esta charla cuenta sus sensaciones sobre cómo unió después de tanto tiempo sus dos grandes pasiones, la literatura y su fanatismo por Boca.

— Tus pasiones por Boca y la literatura venían por carriles paralelos. No se juntaban y siempre tenías respuestas rápidas para mantener esos carriles. Sin embargo, hoy se juntaron, ¿qué pasó?, ¿por qué se juntaron Boca y la literatura?

— Ricardo Cohen encontró la forma de convencerme. Además, me ayudó a encontrar la manera en la que podía escribir estos textos. La literatura y el fútbol son mis dos grandes pasiones. Tiendo a no combinarlas y creo que no quiero combinarlas, precisamente, porque son fuertísimas. Vivo estas dos pasiones de una manera plena. Combinarlas, en lugar de producirme un efecto de reforzamiento, me llevaba a relativizarlas.

Sin embargo, en este libro encontré una alternativa. Estoy muy feliz de que eso haya podido ocurrir. No escribo sobre mis propias vivencias aunque muchas de las que están en los relatos de este libro me reflejan y representen.

— ¿Estás conforme, entonces, con esta primera aproximación de Boca y literatura?

— Cuando escribo voy sintiendo y probando cosas. Con cualquier texto cuando escribo siento algo, me pasa algo interno. Creo que este un libro que merece ser leído, y no lo digo como un elogio al libro sino como una invitación a la lectura. Este libro puede entrar por algún lado, no es la historia de Boca y se acerca a lo que podemos llamar una autobiografía de hinchas. Es una especie de ensayo sobre lo que significa ser hincha de Boca, qué características tiene un club de barrio en relación con el entorno y con lo que ha trascendido de ese lugar.

— Me acerco a creer que es un ensayo porque hay mucha información histórica sobre esa zona del puerto de Buenos Aires. Desde Pedro de Mendoza hasta los goles de Martín Palermo. ¿Esto fue pensado para presentarlo así?

— Boca es algo extraordinario. La medida para todo en Boca es lo extraordinario y eso se volvió algo normal para los hinchas. Boca tiene las características propias de arraigo de una locación específica de un barrio de Buenos Aires. Sin embargo, ha traspasado todo ese orden y hoy encontramos hinchas de Boca en distintas partes del mundo. Es decir, mantiene su característica de arraigo barrial y lo combina con un alto grado de reconocimiento mundial. Hay aquí una alteración de las proporciones por eso se plantea esta idea de que lo extraordinario se vuelve normal en el sentido de que la desmesura es la medida de nuestras vidas. Toda esa historia fue pensada para presentarlo así.

—Si nos corriéramos un poco de estos dos ejes, ¿qué otra pasión tiene tanto peso en tu vida?

— Es difícil responder eso pero podemos empezar a calibrar. Hay afectos y vínculos muy fuertes en mi vida. Empecemos a desgranar, no sé si tenés hijos…


— Tengo.

— Bueno un hijo es para toda la vida. Pero mi hijo llegó cuando tenía más de treinta años. Ese amor y ese vínculo son incomparables, pero llegó a mi vida después de los treinta. Si me remonto más atrás, cuando ingresé a la escuela primaria ya sabía leer. Suelo pensar que aprendí a leer y me hice de Boca al mismo tiempo. Quizás a los cinco o a los seis años ya sabía leer y era de Boca. Eso está en mí y lo seguirá estando. Por eso digo que la lectura y Boca están en mi vida desde que nací y lo estarán hasta que me muera.

Me preguntas qué otra cosa me apasiona tanto y creo que puedo agregar que vivir en Buenos Aires. Por trabajo me toca viajar mucho, este año estuve en las ferias del libro de Tucumán, La Rioja, Rosario, entre otras ciudades. Ahora estoy yendo al Chaco a presentar un nuevo libro. La literatura me lleva y me trae por muchos lugares. Estoy sumando experiencias maravillosas pero nunca dejé de vivir en Buenos Aires. Desde que nací vivo en Buenos Aires. He tenido la oportunidad de irme pero no me fui porque en ningún lugar me siento tan arraigado como en esta ciudad. Por suerte me toca viajar mucho pero siempre me veo viviendo en Buenos Aires.

— Volvamos al libro. Los hinchas rememoran muchas situaciones, distintos partidos, la anécdota de un padre y un hijo me pareció extraordinaria. Pero en este momento, ¿qué abrazo te diste en la cancha y que fue memorable? Uno solo, el primero que venga.


— Uff… Sucede que hay muchos. Hay muchísimos goles vividos ahí para siempre casi siempre con personas que uno no conoce. Hay muchísimos. Ahora se me viene uno que en rigor no fue en la cancha de Boca, fue en la cancha de Independiente viendo un Boca Platense. Boca gana 3 a 1. Año 92. Hace un gol memorable y muy recordado Mederos. En el momento de gritar el gol, la felicidad, la explosión de felicidad es tan grande que casi que no sabes qué hacer con tu cuerpo en ese momento. Porque el cuerpo no te alcanza para la explosión de felicidad que tenés adentro. Giro en aquel momento para gritar el gol y veo a otro que estaba a un metro de mí —y nos parece a los dos que estamos viviendo lo mismo—, él también está solo, tampoco sabe donde meter tanta euforia por el gol que estábamos festejando. Nos miramos y nos dimos el abrazo de nuestras vidas.

— ¿Ahí es cuando se produce esa frase de Rimbaud, yo es otro?

— Ahí sí hay algo mío. Mi escala de mi manera de ser y mi manera de comportarme, el modo de ser y sentirse con uno mismo. Esta sensación de expansión corporal o de ebullición corporal no es algo mío. No es algo que pueda señalar en primera instancia sobre mi manera de ser. Pero en la cancha sí porque ahí no soy igual que en otras circunstancias. Debo ser más o menos yo y al mismo tiempo no. Hay una zona liberada, para poner un contexto y graficarlo de alguna manera. Hay vivencias que pasan en la cancha que no tengo en otras zonas de la vida.

— Vas a estar en Resistencia en la Feria Iberoamericana del Libro. Mencionaste al pasar que el libro es una invitación a la lectura. ¿Por qué es importante leer?

— Es importante leer en todos los tiempos. Soy profesor de literatura y por lo tanto me dedico a formar lectores, a impulsar y a estimular lecturas. Para mí es algo valioso. Al mismo tiempo, tengo mis prevenciones respecto de lo que llamo “sermones de la lectura”, esas arengas para la lectura o para favorecer a la lectura. Me parece que ahí hay un moralismo de la lectura donde aparece alguien impartiendo discursos sobre la necesidad de leer. A mí me parece que hay que buscar otros impulsos que den estímulo. El sermón de la lectura está en todos lados. Todos dicen que hay que leer, “que lástima que mi hijo no lea”. Se declaran virtudes y ventajas de la lectura que en los sermones quedan vacíos. Porque muchas veces esos discursos tienen mucho de hipocresía.

Lo que tenemos que hacer —y esto nos devuelve al comienzo de la charla—, es propiciar espacios donde nos podamos encontrar cara a cara para hablar de literatura. Hay que hacer menos arengas, menos sermones y volcarnos más a prácticas concretas del intercambio literario. En la medida en que leamos, pongamos en juego nuestras lecturas, activamos intercambios, discusiones sobre lo que las lecturas nos suscitan, entonces apostaremos a una práctica concreta de la lectura. Confío más en esto que en cualquier declaración más o menos resonante sobre por qué es bueno leer. Para mí leer es valioso y lo pongo en juego cuando escribo, cuando estoy dando clases o cuando me invitan a una Feria del Libro. Hay que sermonear menos y poner más en juego nuestras lecturas.

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